Pienso que hay que tratar de entender los premios de los festivales desde varias perspectivas, y no siempre como “lo mejor”. Todo premio responde a intereses específicos de cada festival (y más aún del jurado cambiante de cada edición de cada festival), de la industria que lo respalda y le da de comer. El objeto de premiar es dilucidar el camino que, según entienden los “entendidos”, va recorriendo la industria. En mi opinión, premiar algo en este contexto es un intento de retratar un momento histórico de la disciplina, tomando en cuenta por partes casi iguales (o no, según convenga) a la industria más comercial, al desarrollo técnológico involucrado en la producción y al panorama de la creación artística independiente. La intención es tratar de predecir lo que viene (o dar una pequeñísima pista, en el mejor de los casos), mediante la valoración destacada de una o más piezas representativas.

O sea, que nada es lo que parece. Hay tanta diferencia de opiniones y discursos motivados por tantos factores diferentes, que elegir un “mejor trabajo” que de verdad sea el Mejor Trabajo es virtualmente imposible. Premiar termina siendo decisión de unos cuantos individuos (“expertos”, eso sí, pero sólo unos cuantos), una simple nota al pie en cada uno de los festivales. Sin embargo, como nuestra cultura está orientada al logro y la competencia, no nos queda otra que intentar designarlos.

A continuación, aunque sea totalmente innecesario y sin orden particular, mi importante selección de los Mejores Cortometrajes de Annecy 2011, juzgados como tales por mis propios ojos miopes, cansados, disparejos y con gafas:

Pixels
Empezamos con el ganador oficial del certamen, el genial cortometraje del francés Patrick Jean. Sugerir que en el futuro las máquinas se volverán contra nosotros es lo más trillado del mundo, pero Jean consigue ser tremendamente original a pesar de ello, además de ser un trabajo técnicamente perfecto. Lo malo es que siendo de 2009, ya lo habíamos visto todos, pero eso no debería quitarle mérito en absoluto.

A Lost and Found Box of Human Sensation
Gran trabajo de los alemanes Martin Wallner y Stefan Leuchtenberg, en el que una extraña caja contiene un instructivo bastante específico para superar la pérdida de un padre a causa de una enfermedad. El hijo en cuestión, que podría ser cualquiera de nosotros, cumple su duelo mediante una serie de pasos tragicómicos para finalmente salir adelante, no sin antes tocar fondo varias veces por el camino. De esos trabajos que si te agarran en curva, pueden dejarte medio tocado.

A Morning Stroll
El director Grant Orchard, de la mano del genial studioAKA británico, retrata un paseo matinal de una gallina en tres tiempos diferentes. Tres interesantes gráficas diferentes ilustran el mismo evento una y otra vez. El paso del tiempo y el paseo del ave es lo único que no cambia, un ciclo que no termina, una gallina eterna, que superará incluso la vida los hombres.

Clean Carousel
El cortometraje del danés Andreas Bodker fue sin duda una de las mayores sorpresas (en todo el sentido de la palabra, créanme) que nos encontramos en la selección. Un encargado de la limpieza de un carrusel sufre para mantener limpio el aparato, debido a que los pájaros vienen a cagar sobre él sin parar. Los niños esperan para subirse y él empieza a impacientarse. Divertido, sorpresivo y provocador.

Teatriños: Homenaxe ao Mineral do Repolo
Siempre me encanta cuando se habla de las cosas más sencillas de la vida y se logra ser universal en tono sensible y poético. Es el caso de este cortometraje de stop-motion de la canadiense Stephanie Dudley, que ilustra un bello poema gallego (me parece) que hace una profunda reflexión filosófica alrededor de una col hervida antes de cenar.

Dimanche
Uno de los trabajos más sensibles y memorables que vi en todo el festival, posiblemente el mejor. Sin mucha fanfarria, de dibujo simple y animación precisa, pero con mucha gracia, el canadiense Patrick Doyon, respaldado obviamente por el National Film Board, ha logrado una sensibilidad hermosa, ausente en muchos de los otros trabajos más espectaculares o ambiciosos. El cortometraje retrata un domingo familiar cualquiera a través de los ojos de un pequeño niño, un domingo en el que se verá obligado a madurar de una vez por todas, para tratar de entender su mundo un poquito mejor, con un poco de suerte. El trailer acá.

Luminaris
Lo último del reconocido animador argentino Juan Pablo Zaramella, usualmente dedicado a la plastilina, pero en esta ocasión ejecutando con gran originalidad el arte del pixilation (stop-motion con humanos, o algo así). Un retrato moderno del trabajo automatizado, en donde un par de ciudadanos hartos de la rutina encuentran la forma de romperla, o mejor dicho, de iluminarla un poco.

Pl.ink!
Dinámico trabajo de Anne Kristin Berge en el que un pintor atorado se ve obligado a perseguir a su pequeño bebé por un mundo fantástico formado por sus propias pinturas (y poblado por sus propios demonios también), para destrabar su bloqueo y encontrar nueva inspiración. Gran trabajo de una de las productoras sensación del festival, la polaca Breakthru Films.

Millhaven
Fantástico cortometraje del polaco Bartek Kulas, basado en una gran canción de Nick Cave. De este ya hablamos acá en otra ocasión, y ya se veía venir que daría de qué hablar. Después de todo, incluso los más pequeños hijos de Dios deben morir.

Switez
Grandiosa y espectacular producción polaca-francesa-canadiense-danesa-suiza dirigida por Kamil Polak, en la que se retrata mediante exageradas secuencias de acción y efectos especiales una ancestral batalla de una ciudad antigua hundida en el fondo de un lago. Clarísima referencia y homenaje a “The Battle of Kershenetz”, de las leyendas rusas Ivanov-Vano y Norshteyn, aunque por momentos demasiado efectista, termina siendo poética y conmovedora. Un gran ejemplo de cuando se tira la proverbial casa por la ventana y no parece un desperdicio. Un festín para los ojos, sin duda.

Viagem a Cabo Verde
Excelente cortometraje del portugués José Miguel Ribeiro que narra, a modo de diario de viaje, la excursión de un viajero a las Islas de Cabo Verde. A través de una ilustración muy variada, Ribeiro retrata con gran sensibilidad las sutilezas autóctonas que sumadas componen la experiencia magnífica de vivir una tierra extraña por primera vez. La animación logra que Cabo Verde termine siendo un lugar mágico y tremendamente real al mismo tiempo.

Maska
El trabajo más reciente de Stephen y Timothy Quay (de quienes hablamos acá anteriormente), sin duda fue el centro de varias controversias. Como toda su obra, es demasiado críptico, no es para todos y ni siquiera se preocupa por serlo. En mi opinión es algo lento en arrancar, pero cuando menos te das cuenta, te encuentras completamente envuelto en su tétrico universo (esta vez retomado de un cuento del gran Stanislaw Lem), y atrapado sin salida en sus trágicas conclusiones. Personajes e imágenes sencillamente brillantes en todos los sentidos, además de un trabajo sonoro realmente espeluznante. Los gemelos se encuentran en su mejor forma. Pueden ver el teaser acá.

¿Qué opinan? ¿Todavía veo bien o me estoy haciendo viejo?

Yo jamás utilizo el autotexto en el teléfono, ni el corrector automático cuando escribo algo en la computadora. Prefiero equivocarme en alguna letra a dejar que la máquina adivine lo que quiero decir e introduzca la palabra que guste. Como toda herramienta tecnológica, sólo sirve si no se le deja hacer todo, si se le limita con nuestra atención y se evita que se vuelva una mala costumbre. Por eso encuentran en todos mis textos muchos errores de dedo, pero nunca encontrarán palabras (o ideas para el caso) que no pretendo decir.

Joanna Priestley, genial animadora independiente de Portland, Oregon (de la que hablamos acá, hace tiempo) ha unido fuerzas con el popular poeta Taylor Mali, famoso por sus actos en vivo en donde atrapa a la gente con emotivas interpretaciones de su poesía, para hacer la reflexión acerca del tema mediante la animación de uno de sus poemas más originales llamado “The Impotence of Proofreading”.

Priestley decide utilizar las palabras “incorrectas” provocadas por el autotexto en su sentido más literal como pretexto para generar juegos visuales de animación. De manera muy efectiva, ella encuentra sentido en la yuxtaposición de uno y otro concepto erróneo que a nivel semántico no tiene ninguna coherencia. De esta forma, el error tecnológico y a la pereza humana de verificarlo le otorgan a Priestley completa libertad creativa para jugar y burlarse del lenguaje mismo. Lo increíble es, en mi opinión, que cobran sentido ambas narraciones: la sugerida por Mali, su discurso sobre la revisión, y la fantástica de Priestley, las imágenes absurdas que sólo se vuelven coherentes en una película de animación.

En mi obsesión, una inteligente piedra que invita a pensar y merece la pera disfrazar.

Bilbao, España. 4 de abril de 2011.

Me tomo una cerveza fría en el Café Iruña, añejo e icónico restaurante de tono andaluz en pleno centro de la bella ciudad de Bilbao, famoso por su longevidad, ambiente e incomparables deliciosos pintxos morunos. En tres días, he venido cuatro veces a probar toda la carta. Se trata de un acogedor-pero-caótico lugar que sin duda ha visto pasar gente de todos los caminos de la vida, pero una semana al año desde hace ya siete, quienes lo visitan son animadores profesionales, aficionados y curiosos de este arte, pues sirve como sede no oficial de uno de los festivales de animación más bonitos de Europa, no por su tamaño o su alcance, sino por una razón mucho más sencilla.

Animabasauri es especial porque, más que un evento de corte profesional, se siente como una reunión de viejos amigos. Sin importar que estés aquí por primera vez.

La esencia del festival es el contraste. El de lo añejo del Café Iruña con el desarrollo burbujeante de la metrópolis vizcaína. El de la vertiginosa modernidad de Bilbao con la sencillez y modestia de la pequeña ciudad de Basauri, sede principal, cuna y corazón del festival. El ajeno sonido del idioma euskera frente a cualquier otro de raíces grecolatinas más familiares. El calor  y pasión de los vascos frente al resto de los españoles. El escenario glamoroso internacional de un festival de cine frente a las sonrisas humildes y honestas con las que te recibe su gente.

A mi lado María Jesús Díez, directora del festival, cuyo esfuerzo de la mano de la productora/distribuidora vizcaína Barton Films ha mantenido esto con vida siete años y contando. Me advirtieron, con toda razón, lo bien que me trataría y el cariño con el que acabaría despidiéndome de ella. A mi otro costado Susana Losada, involucrada desde el principio en el evento y ahora coordinándolo eficazmente por primera vez. Ambas sonríen, ríen, parecen exhaustas pero satisfechas. “El trabajo pesado es antes,” dice ella, “si lo hicimos bien, ahora es más piloto automático, estar pendiente de que todo salga de bien y disfrutar.”

Y para nosotros, obviamente, disfrutar significa hablar de animación. Me crucé una interesante retrospectiva al animador valenciano Pablo Llorens, la referencia en animación de plastilina en la península, un buen tipo a quien también tengo sentado al otro lado de la mesa. Después, una interesante conferencia por parte de Jordi Grangel, cabeza de Grangel Studio, flamante encargado de los memorables personajes de “Corpse Bride” de Tim Burton. Como acompañamiento a la conferencia, se podían ver de cerca los bocetos de dichos personajes en exposición en la Torre de Ariz en Basauri. Por su parte, la fnac Bilbao era casa de otra exposición atractiva de bocetos, en este caso el arte original de “Chico & Rita”, dibujado a mano por Javier Mariscal. En suma, tres ejemplos claros de la proyección internacional del cine de animación español y las capacidades de sus mejores profesionales.

Ocho largometrajes, más de cuarenta cortometrajes en fílmico y más de setenta en video nos arrojan un palmarés tan interesante como variado. El premio mayor fue para el largometraje chino “Piercing I” de Liu Jian (que cuando lo vi en Annecy el año pasado lo llamé “tarantinesco” en el sentido de que no ocurre mucho y al final se impone la violencia sin sentido), que es una prueba de que se pueden hacer buenas películas sólo con una buena idea y poco despliegue técnico. También premiados “Love Patate” de Gilles Culliver, una extraña historia de amor entre un hombre y eso, una patata, aunque radioactiva, y “Doomed” de Guillermo García-Carsi, creador de la brillante serie infantil “Pocoyó”, que ahora ha creado un simpático bestiario de criaturas condenadas a la extinción.

Lamentablemente no pude quedarme a la proyección de dos clasicazos de la animación italiana, el país invitado: “La gabbianella e il gatto” de Enzo d’Alo y “Allegro Non Troppo” de Bruno Bozzetto. Ambas las he visto antes, pero me hacía ilusión verlas en pantalla grande. En fin, es un costo de ser un ingenuo al que le interesa todo. En un festival así, siempre te quedarás con ganas de ver más.

Pero todo lo que vi es meramente anecdótico. Poco a poco he descubierto que lo que me interesa de ir a los festivales es otra cosa.

“¿Has ido ya al Guggenheim?” me preguntan. “Fue lo primero que hice llegando a la ciudad”, contesto yo, sabiendo que lo visto en ese espectacular museo será también lo primero que se me olvide. Lo único que me llevo de recuerdo, a donde quiera que vaya, es la gente.

Hasta el próximo año. ¡Agur!

Nunca he sido un amante de los perros. Tampoco tengo nada contra ellos. Me gustan lo suficiente, incluso los acaricio si se me acercan, pero jamás he tenido uno. Dicho esto, me pareció increíble como una película sobre perros pudo conmoverme de manera tan profunda, siendo yo tan ajeno a esa extraña y a veces inapropiada relación entre una persona y su mascota.

Un solitario escritor adopta por casualidad a un perro callejero, quien se convierte inevitablemente en su mejor amigo y más fiel compañía. El relato de los eventos más cotidianos acerca del cuidado de un perro es suficiente para representar el deseo de cualquier ser humano de no querer morir en soledad, un deseo primordial que a través de los años se convierte indudablemente en un amor de lo más puro.

Basada en las famosas memorias de J.R. Ackerley, “My Dog Tulip” es el hermoso largometraje de Paul y Sandra Fierlinger, dos humildes animadores británicos, animado sólo por ellos completamente de manera digital (incluso sostienen que no han despediciado una sola hoja de papel), que a primera vista sólo habla de un hombre y su perro, pero visto con calma habla de un montón de cosas más. Los eventos más triviales de la naturaleza de los seres vivos, sus necesidades primordiales, se entrelazan para hablar en tono más abstracto y trascendental del amor y la soledad, de la vida y la muerte, incluso haciendo una dura crítica a la sociedad inglesa de la post-guerra. En palabras de Ackerley, “unable to love each other, the English turn naturally to dogs.”

Acá el trailer de tan bella película, un ejemplo perfecto de que los animales en las películas animadas no tienen que comportarse siempre como personas. Pueden seguir siendo animales y generar mucha más empatía. Tulip, la hermosa y compleja perrita protagonista de la película, expresa más en su primera escena (el momento más cotidiano de un perro, la hora de salir a pasear para hacer sus necesidades) que la mayoría de los personajes que yo haya visto en películas comerciales en mucho, muchísimo tiempo. Y lo hace sencillamente comportándose como perro.

En 1969, un adolescente de 14 años fanático de los Beatles, armado con una grabadora, entró sin permiso una habitación de un hotel en Toronto y convenció a John Lennon para entrevistarlo. Treinta y ocho años después, la voz original de la Morsa se escucha mientras se pintan animadas libremente sus ideas atemporales sobre la política, la guerra, la paz y la responsabilidad individual para cambiar el mundo que nos rodea.

Jerry Levitan, quien fuera alguna vez ese intrépido adolescente, es ahora el productor de “I Met the Walrus”, este pseudo-documental animado dirigido por John Raskin que utiliza esa peculiar grabación como hilo narrativo. La mítica voz de Lennon da origen una serie de animaciones abstractas que fluyen de una a otra sin regla alguna, como fluye libremente el pensamiento político idealista de una de las figuras musicales más importantes de la historia.

Acá el genial cortometraje de 2008, para mí un ejemplo de las posibilidades gráficas y narrativas infinitas que supone la animación como decisión creativa, así como un homenaje póstumo hermoso a un gran hombre a tres décadas de su inesperada muerte.

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