En 1971, la producción de una gran pieza de animación soviética del veterano realizador soviético Ivan Ivanov-Vano, tenía una vez más como co-director a un joven Yuri Norshteyn, quien se convertiría, en la década por venir, en el más grande animador soviético de todos los tiempos.

La Batalla de Kerzhenetz”, épica y emotiva representación animada de los ataques salvajes de los mongoles y la resistencia heroica (y costosa) del ejército ruso, al compás de la pieza musical homónima de Nikolai Rimsky-Korsakov, es una de las películas más famosas de la animación soviética. Uno más de su larga obra, este cortometraje aseguró el sólido lugar de Ivanov-Vano como uno de los que llevaron la producción de animación rusa al plano internacional, aún en plena guerra fría.

Pero la mejor decisión de Ivanov-Vano fue pasar la antorcha a Norshteyn, para ser considerado su mentor, lo cuál es un cumplido en ambas direcciones, en mi opinión, de proporciones enormes. La fluida y expresiva animación en técnica cut-out, el interesante juego de cámara y el montaje son las tres fuerzas de esta épica historia. Muestran el gran potencial que tenía Norshteyn en su trabajo anterior a sus tres únicas películas, sobre todo, “Yozhik v Tumane” y su cuento de cuentos, la genial “Skazka Skazok”.

Aquí “La Batalla de Kerzhenetz”, con atención especial a la escena de la batalla misma, en donde un montaje excepcional (sin duda deudor de la tradición rusa de Sergei Eisenstein), la paleta de colores, las formas y una coreografía precisa hacen de ésta una de las secuencias más expresivas, no sólo en animación, sino en la historia del cine soviético en general.

Una de las piezas más bonitas de animación que he visto es otra de las (lamentablemente) pocas firmadas por la gran figura de la animación soviética, Yuri Norshteyn.

Utilizando el inconfundible y exquisito estilo de animación por recortes de su autor, “Yozhik v Tumane” cuenta la historia de una bella amistad entre Oso y Puercoespín, que acostumbran reunirse sin falta para contar las estrellas al caer la noche, alrededor del fuego. Un día, cae una pesada niebla en el bosque, y Puercoespín pierde su camino rumbo a la cita tradicional. Asustado, sin saber por dónde va, y por las criaturas que puede encontrarse escondidas en la niebla, la mayor preocupación del pequeño animal es que va tarde a su encuentro, que dejará esperando a su amigo y que le correspondía a él, en esta ocasión, traer la jalea para la cena.

El tono poético de la narración, basado en un cuento antiguo del folklore ruso (como acostumbra Norshteyn, por ejemplo en “Skazka Skazok”), unido con una precisa y clásica animación, genera imágenes preciosas e inolvidables. Un alma sensible, un soñador, perdido en un mundo de potencial peligro e incertidumbre, haciendo lo posible para no defraudar a la gente que le importa, porque mantener las tradiciones con los amigos es lo más importante.

Finalmente, el simpático puercoespín encuentra el camino en la niebla, gracias a a ayuda inesperada del extraño bosque. Inmediatamente, tiene lugar una genial conversación entre los amigos, en la que le reclaman a Puercoespín, siempre desde un lugar de cariño, su tardanza. ¿Quién más puede contar las estrellas como él? Puercoespín cumple su papel, pero hay algo diferente dentro de él. Su mente soñadora está en otro lugar, un lugar que sólo él conoce, para siempre.

Después de todo, ¿cómo puede quedarse quieto un caballo ahí, en la niebla?

En el año de 1984, durante los Juegos Olímpicos de la ciudad de Los Angeles, se llevó a cabo un congreso cultural cinematográfico llamado The Animation Olympiad, en donde los “expertos” del tema se reunieron para evaluar, en forma de comeptencia, lo que se había conseguido en animación hasta esa fecha, desde principios de siglo. Su veredicto: la mejor película animada de todos los tiempos se hizo en 1979, llamada de forma muy apropiada,“Skazka Skazok”, el “cuento de los cuentos”, del extraordinario realizador ruso Yuri Norshteyn.

Esta denominación, en las décadas siguientes, adquirió un carácter casi mítico. Sin duda, un calificativo de tal magnitud impacta la opinión, predispone al espectador al enfrentarse a una obra nueva. Pero la realidad es que no hay otra película en el género que esté rodeada de un mito así, equivalente tal vez al de “Ciudadano Kane”. Y para sumarle a la leyenda, se cuenta que los mismos “expertos” se reunieron hace unos 5 años para evaluar nuevamente el panorama mundial de la animación. Su veredicto esta vez: “Skazka Skazok” sigue siendo, en todo su derecho, el cuento de todos los cuentos.

Yuri Norshteyn es uno de esos casos dentro de la historia del cine en donde alguien adquiere una importancia enorme con una obra muy pequeña, pero muy especial. Básicamente, Norshteyn firmó cuatro inolvidables películas, suficiente para marcar en piedra su lugar en la historia. Es considerado el maestro por excelencia de la animación cut-out, llevándola a estándares de calidad, fluidez y expresividad nunca antes vistos en su época, y aún sorprendentes a la fecha, con la tecnología a nuestra disposición y capricho. Su trabajo habla por sí solo.

Una fascinante historia ambigua. Existe un pesonaje que puede distinguirse como protagonista, el lobito gris de la tradición rusa, pero no puede asegurarse que se trate de su historia. Una narrativa poco tradicional, en forma de viñetas intercambiables, recuerdos borrosos de un pasado agridulce, en donde los elementos se repiten una y otra vez, con diferentes significados, para evocar un sentimiento extraño, sin rostro. Las relaciones temporales y espaciales se confunden, se borran. No hay una historia clara, pero los elementos juegan de forma extremadamente armónica, cargados de significado para llevar a casa su mensaje, siempre uno de espacios sugeridos, a rellenar por el espectador. Y ahí es donde radica su belleza, en su perfecta ambigüedad. A pesar de su título, no puede ser visto como un cuento, sino como un poema alegórico, abierto y fugaz.

¿Y entonces? ¿De qué se trata este “cuento de cuentos”? Es difícil decirlo. Se trata de todo. De la guerra y la paz. De la inocencia de la niñez y la soledad que trae consigo el tiempo, del abandono. Del hogar y la inocencia perdida. De los placeres sencillos. De la memoria. Del amor. De la memoria del amor.

¿Es la mejor película animada de todos los tiempos? En general no me gustan las proclamaciones de ese tamaño, y trato de evitarlas, porque creo que nada debe analizarse fuera de su contexto. Pero si tuviéramos que ir a juicio con ésto, este cuento de cuentos, considerando todos sus aspectos, ciertamente podría plantear un buen caso para llevarse el título. Sobra decir que, a cualquiera que le apasione la animación como a mí, tiene que enfrentarse al mito. Tu opinión es tuya.

Aquí en tres partes.

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