Un joven cura llamado August vuelve a su pueblo natal tras la noticia de la muerte de su hermana menor, un hecho que, al haber perdido a sus padres en un accidente automovilístico, lo convierte en el tutor legal de su pequeña sobrina de 5 años Mia, ahora huérfana también. La hermana fallecida, Cristina, era también la famosísima actriz pornográfica Princess, cuya corta carrera ha sido explotada al máximo por su proxeneta/dueño/pareja/amigo de la adolescencia Charlie, convertido en un poderoso magnate de la industria. Mia, criada de forma negligente dentro de este submundo, ha conocido el peor lado de la condición humana en su cortísima vida, siendo víctima de abuso en múltiples ocasiones y recibiendo una educación sexual completamente distorsionada. August tendrá que lidiar con la psique destruída de su pequeña sobrina, y al darse cuenta de las cicatrices imborrables que cargará ella para siempre, decidirá tomar venganza violenta de todos y cada uno de los responsables, uno por uno hasta llegar a Charlie, e incluyéndose en última instancia él mismo, pues carga con la responsabilidad de haber utilizado el sexo de su hermana para su propio beneficio al comienzo de este camino sin retorno que terminó con su muerte.
Esta historia no puede ser contada como una caricatura… ¿o sí?
“Princess”, largometraje de 2006 del director danés Anders Morgenthaler, decide aproximarse a esta historia con dibujos animados estilizados como herramienta para representar la violencia en sentido amplio (física, psíquica y sexual) inherente al mundo de la industria pornográfica. La animación le permite exagerar todo su discurso, descontextualizando los propios dibujos animados para lograr un interesante efecto en el espectador, en donde una parte de él entiende que está viendo caricaturas, mientras la otra recibe toda la dureza del tema retratado, al tener abajo las defensas de alguna forma por tener enfrente dibujos y monitos brillantes. Una gran decisión es la utilización de imágenes de acción real, en forma de videocintas grabadas por los protagonistas en su pasado más feliz, para recordarnos que esta historia trata de personas, que podrían ser nuestros vecinos, nuestros amigos o nuestra propia familia. Sin duda “Princess” lo toma a uno por sorpresa, incluso sabiendo de qué trata la película. Y no es por la cantidad de sangre en la pantalla, como ocurre en el anime más despiadado. Es el tema. Es el sentimiento de indignación generado alrededor de la pequeña Mia. Es la inminente catástrofe en la misión de un ángel de la muerte en donde lo único que busca es venganza contra sí mismo.
Si acaso no es la mejor película vista como un todo, el valor de Morgenthaler es su capacidad de personificar los conceptos muy complejos de su discurso en sus personajes. Mia, la víctima más inocente de todo lo horrible del mundo retratado, que engloba sus peores consecuencias. Cristina, la culpable más clara, la que nos obliga a tomar la postura moralista al querer gritarle que sus decisiones son suyas y que no puede comportarse así teniendo una hija, aunque sabemos que finalmente también es una víctima de algo más grande y que la moral nunca es tan blanco y negro como quisieramos. August, el arrepentimiento, el que carga con la culpa sin tenerla tan claramente, el que cambió su fe racional por la violencia irracional, el perdón por la venganza, el sentimiento más puro que existe aún siendo el de peores consecuencias. Y Charlie, oscuro villano sin rostro, el empresario frío, calculador y responsable abstracto de todo lo ocurrido con esta familia, pero finalmente un hombre real, débil y tal vez el menos culpable, si es que hay alguno, de los tres adultos.
Aplaudo “Princess” por el valiente intento de hacer animación algo que nos han dicho hasta el cansancio que no debe serlo. Aplaudo por ser un golpecito más al paradigma de que la animación es única y exclusivamente para niños porque allí está el negocio. Como todo el cine y el arte en general, es sólo una herramienta técnica para expresar el contenido que sea. Lo importante es entender que la animación abre otros horizontes y ofrece nuevas formas de contar historias de todo tipo y para todos los gustos.





