Después de varios años de trabajar como directores de animación para series de televisión, dos talentosos hombres, Isao Takahata y Hayao Miyazaki, se embarcaron en la producción de un ambicioso largometraje, basado en un manga homónimo escrito por el segundo, que un par de décadas y media después recordamos como aquél que empezó todo, el que puso en el mapa un nombre que cambiaría el rumbo de la historia del cine de animación. El éxito de “Nausicaä of the Valley of the Wind” cuando se estrenó en 1984, mantuvo a flote a una productora cuyo nombre conoce bien todo aficionado o ilustrado del cine de animación, muchas historias inolvidables después: Studio Ghibli.

Desde hace muchas décadas, el cine de animación occidental comercial se ha mantenido dentro de los márgenes de la narración tradicional. Con una clara tendencia general hacia el público infantil, con las historias y los personajes se corren pocos riesgos (aunque se nos vendan como todo lo contrario), estancando las historias en estructuras demasiado sencillas y repetitivas bajo el paradigma de que esta forma de narrar facilita el consumo masivo. Si bien muchas veces funciona dicho paradigma, otras tantas es incorrecto asumir que el público infantil es incapaz de seguir una historia compleja, que no distinga del bien y del mal tan claramente, que pinte mundos en donde cosas horribles pueden suceder, no por la maldad unidimensional de un villano caricaturesco, sino por nuestra naturaleza misma. Yo no tengo duda de que los niños son capaces de comprender que en un mundo así también pueden florecer el amor y la esperanza, pero pagando un precio alto consecuencia de nuestros propios errores.

Los ingredientes del contexto histórico pueden ser muchos y muy complejos, pero a grandes rasgos, la mezcla de evidentes conceptos ancestrales de la cultura japonesa con una rica tradición gráfica y audiovisual (siempre entendida como dirigida a todo público), y la eficaz infraestructura de la industria de animación más poderosa del momento, sentaron las bases para que un hombre especial, Hayao Miyazaki, escribiera una historia diferente, tal vez demasiado para el mundo occidental, que trataba al público infantil de otra forma, como seres pensantes, capaces de articular conceptos muy complejos, ritmos semilentos y una ambigua diferencia entre el bien y el mal. “Nausicaä of the Valley of the Wind” fue un éxito inmediato en oriente, y muchos años después, en mi opinión y de muchos otros, es considerada con justicia una de las mejores películas de animación de todos los tiempos.

Moviéndose en los límites de los géneros de fantasía y ciencia ficción, la película nos pinta un paisaje futurista devastado, en donde los seres humanos han sido reducidos a pequeños poblados, lo poco del mundo que es aún habitable, debido a la propagación de una selva tóxica que arrasa con todo a su paso, protegida por insectos gigantes objeto de adoración, respeto, miedo y precaución al mismo tiempo. Pronto conocemos a Nausicaä, princesa de un pueblo idílico al margen de la selva tóxica. Esta mujer joven, de edad indeterminada, es el único personaje que puede definirse como “bueno”, pues todas sus decisiones representan la nobleza del sacrificio y el repudio a la violencia (aunque ella, en un momento dado, participa activamente de ella), y al mismo tiempo es el primer paladín de la concienca ecológica que caracterizará a Miyazaki en su obra posterior. Esto no quiere decir que Nausicaä sea un personaje superficial, sino todo lo contrario. El complejo proceso que sufre el personaje, desde su idealismo inicial, el reconocimiento de la horrible gran verdad, sus responsabilidades en el gran esquema de las cosas y el sacrificio brutal que se verá obligada a hacer, la hacen efectivamente una de las heroínas más queridas en la historia del cine.

¿Por qué se ha asumido en occidente que el público infantil no puede entender a un personaje de varias dimensiones, con varios procesos complejos y contradictorios ocurriendo al mismo tiempo? Si bien ahora es mucho más común encontrar cierta ambigüedad en algunos protagonistas del cine comercial, ¿por qué sólo puede ocurrir ahora cuando esta estructura es la moda (el paradigma instalado) y no antes, cuando ocurre en el margen? Como está de moda ese tipo de personaje, ahora lo entendemos y aplaudimos, pero ¿será que vamos más lento en el desarrollo de nuestras estructuras narrativas como sociedad? ¿O que no salimos de ellas por miedo a perder rentabilidad? ¿Son los niños japoneses mas inteligentes que los nuestros? Como consumidores, como padres de familia, como realizadores… ¿nos dará miedo pensar?

La historia solamente se complica más. Rápidamente, en medio de secuencias de acción extraordinariamente animadas, el sentido de catástrofe inminente que opera sobre el Valle del Viento se hace muy real, y descubrimos un terrible conflicto mucho más grande. Una violenta guerra entre naciones enemigas se ha desatado en medio de los planes de ambas para destruir la selva tóxica de una vez por todas, gracias a un arma letal antigua, misma que quemó al mundo hace miles de años y ha de ser revivida para hacerlo nuevamente. Pero al contrario de la narración occidental, no existe el mal encarnado, sino la teconología al servicio de cualquier motivación. No hay villano caricaturesco, cuyo único fin es el mal. Incomprensible para el mundo occidental, cada actor sólo está actuando en base a lo que es mejor para su gente, con la poca información que posee sobre el contexto general. Es Nausicaä, a medida que se ve obligada involucrarse activamente en el conflicto, quien descubrirá las razones del origen de la selva tóxica, la única que podrá ver todo con diferente perspectiva y quien deberá asumir la responsabilidad de detenerlo, aunque sea demasiado tarde, y siempre a costa de su propio sacrificio.

Así como no hay bien y mal, tampoco habrá ganadores y perdedores. Habrá un esbozo de resolución apenas. Y habrá un sacrificio enorme por parte todos los actores. Habrá arrepentimiento y desilusión. Pero también habrá reconstrucción y esperanza porque, después de todo y casi de manera alienígena para el mundo occidental, se trata de un final feliz.

Aquí el trailer original de “Nausicaä of the Valley of the Wind”, una de las obras maestras de Hayao Miyazaki, legendaria figura que no es necesario elogiar más. Es posible que parezca anticuada, pues se trata de una película de 1984. Sin embargo, la estructura narrativa que plantéa sigue siendo vigente y novedosa, pues lamentablemente en occidente estamos atorados en este tema desde hace tiempo, y desde esa perspectiva, sería ridículo negar que sigue siendo revolucionaria. Cabe mencionar aquí “Princess Mononoke” de 1997, para muchos, como yo, la mejor película que ha hecho Ghibli, en donde toda la estructura narrativa y discurso de “Nausicaä…” es ejecutada a la perfección y con mayor efectividad. Si no lo dije antes, dos de las mejores películas de animación que se han realizado en la historia.

Y de postre una gran interpretación del bellísimo tema musical de la película. Como lo digo siempre y lo diré muchas veces más, esta es una de esas películas que me recuerda por qué me gusta el cine de animación.

Estoy convencido de que el premio de la Academia a Mejor Película Animada, como está configurado ahora, no premia siempre a la mejor película. Más bien creo que se trata de un grupo de altos intereses, con mucho dinero de por medio, que se van repartiendo el premio, negociado de antemano, para mantener la presencia de este tipo de producción en el público mainstream, con renovado impulso, y poder cosechar más beneficio económico como grupo en los meses venideros. De alguna forma, a Pixar le conviene que a veces gane Dreamworks, por mantener la ilusión de un mercado competitivo y alimentar la relevancia de la animación como producto cinematográfico de alto consumo. Dicho de otra forma, a todos les conviene que gane Disney este año.

De todas formas, y como me gusta ver todas las películas, creo que las nominaciones (más que el ganador) sí nos hablan un poco acerca del panorama industrial de la animación de alto nivel técnico. ¿Qué están haciendo las grandes productoras que tienen todo el capital para producción? ¿Hacia dónde están dirigiendo al consumidor con sus nuevos productos? ¿Hay, en verdad, algo novedoso? ¿O se trata sólo de mayor despliegue técnico y un reciclaje de las mismas historias?

No quiero decir que se trata de malas películas, pero sí hemos llegado a un punto en el consumo de este arte a este nivel en el que hay pocas sorpresas. De pronto, alguna se cuela en las nominaciones, tal vez por intereses que no conocemos, pero nos da una leve esperanza de que el tipo de productos, en el futuro, puedan cambiar para bien. Siempre quiero que ganen aquéllas producciones que han encontrado ese terreno gris, entre el alto presupuesto y el riesgo narrativo y estilístico, para no perder la esperanza de que se puede ser comercial y complejo, ambiguo pero universal. Nunca han ganado. Este año tal vez tendrían alguna oportunidad, si no fuera porque se encuentran los intereses de Disney involucrados.

Coraline
Recreando y perfeccionando la técnica de “Nightmare Before Christmas”, Henry Selick asumió el riesgo de apelar a un público más adolescente y contar una historia compleja para mantener el interés de los adultos. “Coraline” presenta un diseño muy atractivo en personajes y escenarios, animados impecablemente para recrear el mundo de la pequeña Coraline, una niña curiosa que sólo aprecia los aspectos positivos de su vida cuando los ve amenazados por una seductora pesadilla. Me parece una película sumamente bien lograda, con buenas posibilidades de dar la sorpresa, si no por otra cosa, por su largo y exitoso recorrido en festivales de animación durante todo el año.

Fantastic Mr. Fox
La última película de Wes Anderson, adpatación animada de una historia de Roald Dahl, cuenta con su característico extraño sentido del humor y pausa cómica, logrado perfectamente en los rostros sintéticos de sus simpáticos personajes. No es la historia más interesante, pero es una película, por falta de una mejor palabra, diferente. Y aquí aplaudimos cualquier intento por ser diferente. Y la recomendamos.

The Princess and the Frog
El regreso de Disney a la animación tradicional es, en mi opinión, una oportunidad perdida. ¿Por qué regresar técnicamente a algo tan exigente si se contará la misma historia que se ha contado desde hace 70 años? Está todo: la princesa, las canciones, los animales parlanchines, las moralejas rancias, los villanos superficiales. Incluso a la heroína, cuando su sueño es poner un negocio, se le dice que no, que mejor debe soñar con un príncipe. Todo nuevamente al servicio de la ideología estilística (y moral) de Disney, o lo que significa “Disney” para el consumidor colectivo. Aunque se trata de una película “bonita” y “entretenida”, jamás se podrá repetir la magia de otros clásicos de Disney, en donde todos sus valores estilísticos y morales aún estaban vigentes. Me sorprendería si este Oscar no está negociado para Disney desde la pre-producción, para justificar el departamento de animación tradicional y no producir su siguiente “Rapunzel” en números rojos.

The Secret of Kells
Esta cinta es el ejemplo más claro de lo que decía antes. La producción francesa-belga-irlandesa “The Secret of Kells” es, sin duda, la película más interesante a nivel gráfico de las nominadas. Escenarios abstractos, que recuerdan a la pintura de vanguardia por su libertad y expresividad, envuelven a personajes estilizados animados de forma limitada y no-realista, un respiro de la animación mega-realista que se busca y aplaude en esta época. No tiene oportunidad de ganar. En absoluto. Pero la inclusión de esta película aquí es una señal de vida, gente que intentará algo distinto, sin perder la posibilidad de algún limitado éxito comercial que les permita seguir a flote.

Up
Aunque es una buena película, no se trata, por mucho, de la mejor de Pixar. Mi opinión es que sería un extraordinario cortometraje, si terminara cuando el viejo se va en su casa de globos al horizonte. Todo lo demás es una historia simplista de aventuras inverosímiles, sin ninguna evolución o propósito. ¿Habrán caducado también los valores que promueve y reivindica Pixar en cada entrega? En cualquier caso, “Up” es una película técnicamente perfecta, epítome de lo que quiere el público, es decir, un hiper-realismo digital, heredero indudablemente de la ideología de Disney, su “ilusión de vida” o su “irrealidad plausible”. Si no gana Disney, lo hará Pixar, y estará definido el esquema para el éxito comercial de las cintas por venir, salvo por aquellos interesantes casos específicos, muchas veces casi marginales.

Entre las que me hubiera gustado ver en estas nominaciones quiero mencionar dos. La fenomenal “Mary and Max”, de Adam Elliot, ganadora de Annecy 2009 (el festival de animación más grande del mundo) y “Ponyo” del legendario Hayao Miyazaki (tampoco su mejor película, pero sin duda mejor que algunas de las nominadas). Elliot ya ganó un Oscar por un cortometraje (“Harvie Krumpet“, en 2006) y Miyazaki cuenta con otro (“Spirited Away”, en 2003) y varias nominaciones más. Sin duda los veremos nominados en el futuro.

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