Un ratoncito hambriento atraviesa el bosque en busca de un árbol lleno de bellotas. Sin embargo, tendrá que recorrer un peligroso camino para alcanzarlo, pues indefenso está a merced de los depredadores del bosque. Astuto, para ahuyentar a sus enemigos decide sacarse de su imaginación al más temible depredador de todos y fingir que se trata de un gran amigo suyo: el temible Gruffalo.

Esta bella adaptación del hermoso cuento para niños de Julia Donaldson es un gran ejemplo de que los productos para niños pueden ser inteligentes, tener mucha clase y ser disfrutados por adultos también. Producido por la BBC y dirigido por Max Lang y Jakob Schuh, este multipremiado especial para televisión demuestra que no todo debe ser asquerosa cultura pop y humor sin clase, como estamos acostumbrados a ver en la televisión americana principalmente, y que se puede contar una historia sencilla de una forma directa y envolvente, con gran delicadeza aplicada en voces, en bella musicalización y graciosa animación, que pueda ser disfrutada de forma más profunda.

Bravo por esta preciosa adaptación de un cuento infantil hermoso de importante mensaje. Cuidado con lo que soñamos. La realidad invariablemente supera a la ficción y las criaturas más monstruosas de nuestra imaginación pueden encontrarse en cualquier momento sentadas frente a nosotros, mirándonos directo a la cara.

Acá unos clips de este trabajo tan especial.

Hoy quiero hacer una recopilación de cortometrajes de uno de los animadores independientes más interesantes de los últimos años, y un favorito de este blog: Don Hertzfeldt.

A sus escasos 34 años, Hertzfeldt ya es una figura de fama internacional gracias a su particular humor oscuro y a su técnica tan característica, dibujando siempre a mano el mismo tipo de personajes con líneas muy sencillas sobre una hoja arrugada en blanco. Su corta pero productiva trayectoria incluye colaboraciones animadas con Mike Judge (“Beavis & Butthead”, “King of the Hill”) en su proyecto The Animation Show, así como un par de nominaciones al Óscar a mejor cortometraje animado.

Lo que me parece más interesante del trabajo de Hertzfeldt es la idea de regresar a la esencia de la animación, a volver a hacer “dibujos animados”, pues sus cortos empezaron siendo básciamente flipbooks que contaban una anécdota sencilla cuyo objetivo era hacer reír, como una historieta. Repitiendo este esquema y sin expandirse a otras técnicas, Hertzfeldt supo encontrar la clave de humor perfecta (y la gráfica que la acompañara) que lo hiciera memorable, marginal y popular al mismo tiempo.

Poco a poco ha ido complicando su discurso, hasta producir la que para muchos, y me incluyo, es su obra maestra “The Meaning of Life”. Vale la pena resaltar cómo es capaz de establecer una idea compleja y profundizar en ella utilizando recursos tan “baratos” todo el tiempo, como el colocar elementos repetidos de su trazo para expresar nuevas ideas, o utilizando un voice acting para muchos rudimentario e improvisado.

Acá primero la obra maestra “The Meaning of Life”, en una liga japonesa que me encontré. A continuación el nominado al Óscar “Rejected”, la culminación comercial de su especial humor negro. Después el divertidísimo “Billy’s Balloon” y uno de sus primeros cortometrajes, “Genre”. Para terminar algunos extractos de sus últimas dos películas, “Everyhting will be Fine” (también nominada al Óscar) y “I am so proud of you”, con la misma técnica y los mismos monitos mezclados con imágenes de acción real, pero sin duda con una idea mucho más clara del tipo de humor oscuro, inteligente y profundo que lo caracteriza.

“The Meaning of Life”

Dos niños pequeños, Mark y Ray “Hampy” Hubley, decidieron salir de cacería a media noche en busca de un exótico animal nocturno, el pájaro de la luna. En secreto, sin que sus padres lo supieran, tomaron una jaula y una pala, cavaron un hoyo en el patio trasero y esperaron pacientemente, como grandes cazadores, hasta que apareciera su presa.

Lo que no sabían los niños era que sus padres, los animadores John Hubley y Faith Elliott, estaban grabando en secreto todo lo que decían, con la misión propia de descubrir el misterio del pájaro de la luna del que escuchaban muchas veces de boca de sus hijos durante el día. Antes de esa noche, siempre habían asumido que la critatura vivía exclusivamente en la imaginación de sus hijos. Estaban equivocados.

Tomando las voces de sus hijos como referencia, los animadores reconstruyeron la aventura nocturna de los niños, dejándose llevar por las imágenes articuladas por los pequeños y por su propia imaginación para narrar la increíble conclusión de este fantástico safari. El pájaro de la luna aparecería, después de una larga espera, en la imaginación de los adultos.

La película resultante de toda esta aventura familiar es la mezcla perfecta entre la más pura y libre imaginación infantil y el talento de un par de animadores profesionales que claramente, como suele decirse, jamás dejaron de ser niños también.

Dejo “Moonbird”, ganadora del Premio de la Academia en 1959, sin duda una de mis piezas favoritas por su original concepción, creativa ejecución y genuino resultado.

Tal vez no hay tema más trillado que el de “todos estamos conectados” o “cualquier encuentro casual puede cambiar el rumbo de una o varias vidas”. Hemos visto cientos de películas con el tema hasta el cansancio, y francamente, ya no queremos más.

O así me sentía yo antes de conocer “When the Day Breaks”, el reconocido cortometraje de las animadoras canadienses Wendy Tilby y Amanda Forbis, producido, obviamente, por el National Film Board en 1999. Es el mismo tema, pero no se puede empezar a describir esta obra sin llamarle “original”.

Señor Gallo revisa su lista del supermercado un día por la mañana, antes de salir a hacer la compra mientras, en otro lugar, Señora Cerdo se prepara un rico desayuno de cáscaras de patata con leche. Al darse cuenta que la leche está echada a perder, decide salir al supermercado para poder desayunar a gusto. Un encuentro accidental en la calle entre estos dos personajes, un momento de distracción y sus consecuencias, será suficiente para demostrar, una vez más, la casualidad y causalidad de nuestras interacciones.

Primero la técnica. Wendy Tilby y Amanda Forbis deciden grabar todas las acciones en video, con personas disfrazadas, para después rotoscopiar libremente la animación, obteniendo un resultado genial, donde el movimiento fluye naturalmente para dar realidad a personajes irreales. Encima del video, su dibujo tradicional, educado claramente en escuela de arte, da vida a animales actuando como personas, o a personas que son animales, como quiera verse.

El gran valor de “When the Day Breaks” reside, en mi opinión, en el montaje. La decisión de narrar esencialmente con planos de detalle es arriesgada, pero a fin de cuentas genial. Tanto en momentos de alta tensión como en escenas cotidianas, solamente se ve el detalle, la acción mínima. No existen momentos más determinantes que otros. Todos lo son, en mayor o menor medida, pero no nos damos cuenta. Así seguimos viviendo lo mismo, sin percatarnos de que vamos todos juntos, nada más porque nuestras conexiones se han modernizado con la urbanización, y se han hecho prácticamente invisibles e irreconocibles.

Pero uno de esos momentos, que parecerá como cualquier otro, será distinto porque será el último. Atrás quedarán historias que no se conocen, que se olvidarán, como siempre ha ocurrido, como parte de lo que somos colectivamente, un eterno proceso de cambio. Los que quedan, tarde o temprano, seguirán con sus vidas. Y el sol siempre saldrá de nuevo.

El día de hoy 14 de febrero serán 3 años de la muerte de Ryan Larkin, un increíble animador canadiense de finales de los sesentas, protagonista de una trágica historia de adicciones que acabó con su carrera cuando apenas despegaba.

Es curioso como este autor destaca entre las figuras históricas de la animación canadiense, en donde el volumen de producción es muy alto, con apenas cuatro cortometrajes. Fue bajo la dirección de Norman McLaren en el National Film Board, que Ryan Larkin hizo sus cuatro hermosas películas: “Syrinx”, representación en carboncillo de un antiguo mito griego, en donde un fauno se enamora de una bella ninfa; “Cityscape”, corto experimental en donde figuras extrañas corren a esconderse en un hoyo; “Walking” memorable estudio sobre la variada forma de andar de cada persona, que a través de imágenes inconexas, logra conmover de manera ambigua, expresando aquel sentimiento profundo que se proyecta inevitablemente haciendo algo tan sencillo como caminar. “Street Musique”, ejercicio libre al compás de la música que retrata de forma abstracta la vida cotidiana de la ciudad de Montreal.

Después de la nominación al Óscar por “Walking”, el gran éxito internacional de “Street Musique”, el reconocimiento del propio McLaren y sus compañeros del NFB, así como de animadores internacionales, parecía que Larkin lo tenía todo. Sin embargo, su adicción a las drogas duras y al alcohol destruyeron su carrera. No volvió a escribir una película animada hasta poco antes de su muerte.

Ryan Larkin estuvo en la oscuridad casi 30 años, hasta que el aniamdor digital canadiense Chris Landreth, importante figura del 3D como forma cinematográfica a finales de los ochentas, lo trajo de nuevo a los primeros planos.

Tras una serie de entrevistas con Larkin, que alternaba sus noches entre la fría calle de Montreal y varios albergues para desamparados, y figuras importantes de su vida, Landreth realizó el genial cortometraje “Ryan”, una especie de documental animado sobre el personaje, que trata de descubrir las razones que tuvo Larkin para dejar de producir, de privarnos de su creatividad.

Un Larkin fragmentado, adicto, roto y desamparado confiesa tristemente que “lo perdió”. Había perdido esa chispa, y nunca pudo recuperarla.

“Ryan” se llevó el Óscar a Mejor Cortometraje Animado en 2004, premio que se le escapó a Larkin más de tres décadas atrás, lo que parece haber reanimado al artista, pues volvió a involucrarse en proyectos de animación los últimos años de su vida, hasta morir cuando su cáncer de pulmón, relacionado probablemente con sus múltiples adicciones, se esparció a su cerebro hace precisamente 3 años.

Aquí la liga a la bella “Walking”, una de mis películas favoritas. Muchas veces me descubro pensando en ella cuando camino sin rumbo por la calle, con mis manos en los bolsillos de la chaqueta, tarareando la música. Más abajo “Ryan”, el aclamado documental de Chris Landreth, original por hacer un uso no convencional del 3D en una narración muy personal y emocional, cosa que yo personalmente aprecio mucho. El resultado es un sincero homenaje que redime, en alguna medida, el apasionado trabajo de un genial artista olvidado. Finalmente, Ryan Larkin en persona, en su última entrevista, “Ryan after Ryan”, de Gibran Ramos antes de su fatal enfermedad.

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