Siempre me preguntan a qué me refiero con cine “diferente”. Yo invariablemente empiezo a hablar de otros acabados de imagen, de otros juegos de reglas, de animación más sintética y de narrativas poco convencionales. Como no se me da nada bien la explicación, hoy aquí una película que ejemplifica perfectamente de qué hablo cuando hablo, y qué quiero decir exactamente cuando digo que el mundo de la animación es demasiado grande, y cerrarse a un sólo estilo de este hermoso arte es sencillamente muy triste.
La familia Christie es una familia normal viviendo una vida tranquila de problemas cotidianos, como lidiar con hijos adolescentes o recolectar cupones para ahorrar al hacer la compra. Un buen día, cuando Mr. Christie es descubierto con una cámara de televisión nacional teniendo un amorío improbable con un seductor marinero francés, su vida normal cambiará para siempre, poniendo en riesgo el destino del universo mismo como lo conocemos.
“Goodbye Mr. Christie”, el primer largometraje del genial animador británico Phil Mulloy (de quien hablamos acá hace tiempo), es sin duda uno de los largometrajes que jamás verán distribuidos en una sala de cine común. Tuve la oportunidad de verlo en la última edición de Animac Mostra Internacional de Cinema d’Animació de Catalunya, así como de conocer y convivir unos días con su interesante autor, y debo decir que ha sido una de las experiencias más memorables que me han tocado desde que me inventé que me dedico a esto.
Más que un largomtraje creo que se trata de un concepto logrado traducido a imagen y a historia con enorme eficacia, y esto es lo que lo hace más interesante. Phil Mulloy, decidido a que en animación se debe trabajar en solitario, ha hecho esta película con sus propias manos en su totalidad, bajo un método de simplificación máxima, prueba de que una gran idea y mucho corazón pueden matar cualquier presupuesto.
¿Qué es lo mínimo que necesita un espectador para involucrarse en una historia? Si el espectador de todas formas se genera a sí mismo un espacio tridimensional teórico cuando ve representaciones de personajes en una película, ¿por qué no dejar que lo haga completamente con todos los elementos? ¿Y actores? ¿Se necesitan actores? ¿Se necesita inflección en la voz? ¿Se necesita proveer más información de la necesaria, si el púbico de todas formas impregnará de significado propio todo lo que ve?
Así Phil Mulloy, como nos lo explicó él mismo en una inolvidable master class en la Seu Vella de la ciudad de Lleida, se dispuso a hacer una película con lo mínimo. Utilizó personajes sin rostro, básicamente manchas negras con hoyos por ojos y boca, o sea lo mínimo que necesita la mente humana para identificar un rostro, diferenciados entre ellos únicamente por las proporciones de tan sintéticos elementos. Sólo en vistas frontales y de perfil, sólo en planos cerrados. Y vivos casi exclusivamente por su voz, que es en mi opinión en donde está la gran originalidad de la película.
Utilizando un software de generación de voz digital (nextup.com, que por azares del destino me mostró personalmente), Mulloy básicamente escribió y generó todo el diálogo de la película, únicamente cambiando el tono y la velocidad para diferenciar a los personajes. Así, la película es básicamente una radio novela en tono neutral, sin inflección o carga emocional, robótica, que transmite una serie de eventos desprovista de inflección o actuación. Puede decirse en el mismo tono “Es el fin del universo” que “Te amo” o “Estás abusando sexualmente de mí, violentamente”, o incluso “Voy a matarte”. Pero de alguna forma suenan diferente.
Básicamente Mulloy comenzó a desarrollar este método simplificado, austero, solitario o como quieran llamarle en un cortometraje de 2006 llamado “The Christies”, pero en mi opinión aquí no llega a todo su potencial. El largometraje, si pueden verlo en algún momento, es la consolidación de su técnica, la graduación de su teoría. Increíble que con tan poco pueda interesar al público por más de 80 minutos. Sorprendentemente, un espectador como yo (no cualquiera, hay que decirlo) puede encontrarse envuelto en las peripecias de Mr. Christie sentado al filo de su asiento.
La joya. Mulloy se copió los créditos de “Toy Story” y los puso al final de su película, sólo porque nos han acostumbrado a que una película de animación tiene que ser una enorme producción multimillonaria, casi sagrada.
Acá “The Christies”, el cortometraje de 2006 que inspiró tan poco convencional película. También un teaser que realizó como entrada para el HAFF Holland Animation Film Festival 2010, con la misma técnica. Si creen que existen reglas y axiomas absolutos en el cine, se equivocan. Necesitamos más autores y personas como él que nos lo recuerden.






