Entre todo el cine diferente que hay, de vez en cuando me encuentro películas que me recuerdan, de la manera más honesta, ingenua y sentimental, por qué me gusta el cine de animación. Una de esas películas es “Mary and Max”.

La historia es sencilla. Dos personas muy diferentes, una sensible niña triste de los suburbios australianos y un cuarentón neoyorquino judío con síndrome de Asperger, entablan una bella amistad por correspondencia que los acompañará durante sus solitarias vidas, mientras aprenden el valor de las amistades, o la ausencia de las mismas, que uno hace durante la vida.

Prácticamente sin diálogo, sólo mediante un narrador omnisciente, y la lectura en voz alta de las cartas por parte de cada personaje se nos cuenta esta curiosa historia en forma de viñetas (el estilo característico de su autor), triste y desgarradora por momentos, pero finalmente redentora y sustancial. Cabe destacar un enorme trabajo de doblaje, la voz de Max leyendo sus cartas, del buen actor Phillip Seymour Hoffman, una prueba del arte que es el doblaje de un personaje animado cuando se trata de actuar seriamente, no como en muchas películas más comerciales donde la idea es replicarse a uno mismo.

Es el primer largometraje de Adam Elliot, realizador australiano de fama internacional tras ganar el Óscar a Mejor Corto Animado por “Harvie Krumpet” en 2006, utilizando la misma técnica stop-motion con plastilina, claymation. Aquí mantiene su estilo narrativo, el tono agridulce y retoma muchos de los temas de ese gran cortometraje, pero lo lleva todo varios niveles más alto, y por ello ha cosechado grandes resultados, incluso el gran premio en Annecy el año pasado.

¿Qué más puedo decir? Si tienen la oportunidad, no la dejen pasar. Este es el tipo de cine que me mueve en muchos niveles. Cuando lo pienso teórica y técnicamente, me impresiona por original, diferente y profundo. Cuando lo siento con el corazón, me sacude y se queda en mi memoria para siempre.

Estoy convencido de que el premio de la Academia a Mejor Película Animada, como está configurado ahora, no premia siempre a la mejor película. Más bien creo que se trata de un grupo de altos intereses, con mucho dinero de por medio, que se van repartiendo el premio, negociado de antemano, para mantener la presencia de este tipo de producción en el público mainstream, con renovado impulso, y poder cosechar más beneficio económico como grupo en los meses venideros. De alguna forma, a Pixar le conviene que a veces gane Dreamworks, por mantener la ilusión de un mercado competitivo y alimentar la relevancia de la animación como producto cinematográfico de alto consumo. Dicho de otra forma, a todos les conviene que gane Disney este año.

De todas formas, y como me gusta ver todas las películas, creo que las nominaciones (más que el ganador) sí nos hablan un poco acerca del panorama industrial de la animación de alto nivel técnico. ¿Qué están haciendo las grandes productoras que tienen todo el capital para producción? ¿Hacia dónde están dirigiendo al consumidor con sus nuevos productos? ¿Hay, en verdad, algo novedoso? ¿O se trata sólo de mayor despliegue técnico y un reciclaje de las mismas historias?

No quiero decir que se trata de malas películas, pero sí hemos llegado a un punto en el consumo de este arte a este nivel en el que hay pocas sorpresas. De pronto, alguna se cuela en las nominaciones, tal vez por intereses que no conocemos, pero nos da una leve esperanza de que el tipo de productos, en el futuro, puedan cambiar para bien. Siempre quiero que ganen aquéllas producciones que han encontrado ese terreno gris, entre el alto presupuesto y el riesgo narrativo y estilístico, para no perder la esperanza de que se puede ser comercial y complejo, ambiguo pero universal. Nunca han ganado. Este año tal vez tendrían alguna oportunidad, si no fuera porque se encuentran los intereses de Disney involucrados.

Coraline
Recreando y perfeccionando la técnica de “Nightmare Before Christmas”, Henry Selick asumió el riesgo de apelar a un público más adolescente y contar una historia compleja para mantener el interés de los adultos. “Coraline” presenta un diseño muy atractivo en personajes y escenarios, animados impecablemente para recrear el mundo de la pequeña Coraline, una niña curiosa que sólo aprecia los aspectos positivos de su vida cuando los ve amenazados por una seductora pesadilla. Me parece una película sumamente bien lograda, con buenas posibilidades de dar la sorpresa, si no por otra cosa, por su largo y exitoso recorrido en festivales de animación durante todo el año.

Fantastic Mr. Fox
La última película de Wes Anderson, adpatación animada de una historia de Roald Dahl, cuenta con su característico extraño sentido del humor y pausa cómica, logrado perfectamente en los rostros sintéticos de sus simpáticos personajes. No es la historia más interesante, pero es una película, por falta de una mejor palabra, diferente. Y aquí aplaudimos cualquier intento por ser diferente. Y la recomendamos.

The Princess and the Frog
El regreso de Disney a la animación tradicional es, en mi opinión, una oportunidad perdida. ¿Por qué regresar técnicamente a algo tan exigente si se contará la misma historia que se ha contado desde hace 70 años? Está todo: la princesa, las canciones, los animales parlanchines, las moralejas rancias, los villanos superficiales. Incluso a la heroína, cuando su sueño es poner un negocio, se le dice que no, que mejor debe soñar con un príncipe. Todo nuevamente al servicio de la ideología estilística (y moral) de Disney, o lo que significa “Disney” para el consumidor colectivo. Aunque se trata de una película “bonita” y “entretenida”, jamás se podrá repetir la magia de otros clásicos de Disney, en donde todos sus valores estilísticos y morales aún estaban vigentes. Me sorprendería si este Oscar no está negociado para Disney desde la pre-producción, para justificar el departamento de animación tradicional y no producir su siguiente “Rapunzel” en números rojos.

The Secret of Kells
Esta cinta es el ejemplo más claro de lo que decía antes. La producción francesa-belga-irlandesa “The Secret of Kells” es, sin duda, la película más interesante a nivel gráfico de las nominadas. Escenarios abstractos, que recuerdan a la pintura de vanguardia por su libertad y expresividad, envuelven a personajes estilizados animados de forma limitada y no-realista, un respiro de la animación mega-realista que se busca y aplaude en esta época. No tiene oportunidad de ganar. En absoluto. Pero la inclusión de esta película aquí es una señal de vida, gente que intentará algo distinto, sin perder la posibilidad de algún limitado éxito comercial que les permita seguir a flote.

Up
Aunque es una buena película, no se trata, por mucho, de la mejor de Pixar. Mi opinión es que sería un extraordinario cortometraje, si terminara cuando el viejo se va en su casa de globos al horizonte. Todo lo demás es una historia simplista de aventuras inverosímiles, sin ninguna evolución o propósito. ¿Habrán caducado también los valores que promueve y reivindica Pixar en cada entrega? En cualquier caso, “Up” es una película técnicamente perfecta, epítome de lo que quiere el público, es decir, un hiper-realismo digital, heredero indudablemente de la ideología de Disney, su “ilusión de vida” o su “irrealidad plausible”. Si no gana Disney, lo hará Pixar, y estará definido el esquema para el éxito comercial de las cintas por venir, salvo por aquellos interesantes casos específicos, muchas veces casi marginales.

Entre las que me hubiera gustado ver en estas nominaciones quiero mencionar dos. La fenomenal “Mary and Max”, de Adam Elliot, ganadora de Annecy 2009 (el festival de animación más grande del mundo) y “Ponyo” del legendario Hayao Miyazaki (tampoco su mejor película, pero sin duda mejor que algunas de las nominadas). Elliot ya ganó un Oscar por un cortometraje (“Harvie Krumpet“, en 2006) y Miyazaki cuenta con otro (“Spirited Away”, en 2003) y varias nominaciones más. Sin duda los veremos nominados en el futuro.

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