Yo jamás utilizo el autotexto en el teléfono, ni el corrector automático cuando escribo algo en la computadora. Prefiero equivocarme en alguna letra a dejar que la máquina adivine lo que quiero decir e introduzca la palabra que guste. Como toda herramienta tecnológica, sólo sirve si no se le deja hacer todo, si se le limita con nuestra atención y se evita que se vuelva una mala costumbre. Por eso encuentran en todos mis textos muchos errores de dedo, pero nunca encontrarán palabras (o ideas para el caso) que no pretendo decir.

Joanna Priestley, genial animadora independiente de Portland, Oregon (de la que hablamos acá, hace tiempo) ha unido fuerzas con el popular poeta Taylor Mali, famoso por sus actos en vivo en donde atrapa a la gente con emotivas interpretaciones de su poesía, para hacer la reflexión acerca del tema mediante la animación de uno de sus poemas más originales llamado “The Impotence of Proofreading”.

Priestley decide utilizar las palabras “incorrectas” provocadas por el autotexto en su sentido más literal como pretexto para generar juegos visuales de animación. De manera muy efectiva, ella encuentra sentido en la yuxtaposición de uno y otro concepto erróneo que a nivel semántico no tiene ninguna coherencia. De esta forma, el error tecnológico y a la pereza humana de verificarlo le otorgan a Priestley completa libertad creativa para jugar y burlarse del lenguaje mismo. Lo increíble es, en mi opinión, que cobran sentido ambas narraciones: la sugerida por Mali, su discurso sobre la revisión, y la fantástica de Priestley, las imágenes absurdas que sólo se vuelven coherentes en una película de animación.

En mi obsesión, una inteligente piedra que invita a pensar y merece la pera disfrazar.

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