Nunca he sido un amante de los perros. Tampoco tengo nada contra ellos. Me gustan lo suficiente, incluso los acaricio si se me acercan, pero jamás he tenido uno. Dicho esto, me pareció increíble como una película sobre perros pudo conmoverme de manera tan profunda, siendo yo tan ajeno a esa extraña y a veces inapropiada relación entre una persona y su mascota.

Un solitario escritor adopta por casualidad a un perro callejero, quien se convierte inevitablemente en su mejor amigo y más fiel compañía. El relato de los eventos más cotidianos acerca del cuidado de un perro es suficiente para representar el deseo de cualquier ser humano de no querer morir en soledad, un deseo primordial que a través de los años se convierte indudablemente en un amor de lo más puro.

Basada en las famosas memorias de J.R. Ackerley, “My Dog Tulip” es el hermoso largometraje de Paul y Sandra Fierlinger, dos humildes animadores británicos, animado sólo por ellos completamente de manera digital (incluso sostienen que no han despediciado una sola hoja de papel), que a primera vista sólo habla de un hombre y su perro, pero visto con calma habla de un montón de cosas más. Los eventos más triviales de la naturaleza de los seres vivos, sus necesidades primordiales, se entrelazan para hablar en tono más abstracto y trascendental del amor y la soledad, de la vida y la muerte, incluso haciendo una dura crítica a la sociedad inglesa de la post-guerra. En palabras de Ackerley, “unable to love each other, the English turn naturally to dogs.”

Acá el trailer de tan bella película, un ejemplo perfecto de que los animales en las películas animadas no tienen que comportarse siempre como personas. Pueden seguir siendo animales y generar mucha más empatía. Tulip, la hermosa y compleja perrita protagonista de la película, expresa más en su primera escena (el momento más cotidiano de un perro, la hora de salir a pasear para hacer sus necesidades) que la mayoría de los personajes que yo haya visto en películas comerciales en mucho, muchísimo tiempo. Y lo hace sencillamente comportándose como perro.

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