En un bosque nevado, un par de curiosas criaturas descubren la nieve por primera vez. Fascinadas por la novedad, se dejan llevar ilusionadas hasta encontrar la mágica razón por la que cada año se cubre el bosque con ese extraño velo blanco, a costa de su propio sacrificio para formar parte de algo más grande.
El cortometraje de Joanna Lurie es una de las piezas más bonitas que recuerdo del festival de Annecy del año pasado, y no me extrañó para nada que hubiera entrado en la lista corta para los Oscares. “Le Silence sous l’ecorce” es un bello relato sobre la inocencia, la ilusión, la curiosidad y finalmente sobre el descubrimiento de nuestro lugar y propósito en el mundo. Solamente el más inquieto y curioso escucha el llamado del destino.
En mi opinión, el trabajo de Lurie tiene aciertos por todos lados, empezando por la hermosa gráfica tan particular que mezcla personajes en CGI con bellos fondos pintados y animados de forma tradicional, todo integrado a la perfección. El diseño adorable de los personajes, los sonidos guturales que son su voz. No dicen más de lo que deben decir, no son más importantes que el resto de las cosas. No son actores, son fragmentos naturales de un todo mucho más grande, con un propósito narrativo claro. La sencillez de la música es una lección para la gran mayoría de las grandes producciones en donde la música sobra y empalaga hasta la náusea.
Acá el cortometraje casi perfecto de Joanna Lurie, una prueba más de que la animación francesa está dando importantes pasos para convertirse en el nuevo centro innovador de la disciplina. ¿Será Francia una esperanza para que cambie el paradigma de la industria?
